Mi historia de destete

Desde que nació mi hijo me apasionó la idea de criarlo de la manera más natural posible, lo que incluía pecho, brazos y movimiento libre. Me sentía llena de pensar que él podía disfrutar la vida y ser fiel a su propia sabiduría.
En relación a la lactancia, pensaba que mi hijo decidiría hasta cuando continuar, aunque si quedara embarazada – fantaseaba yo – no me gustaría amamantar a dos; solo ahí pondría fin a la lactancia.
Sin embargo, a veces la vida nos depara otros planes y algo así me pasó a mí. Cuando Diego cumplió un año ocho meses volvió mi período y con ello las ganas de encontrarme otra vez con la mujer que fui y que sería de ahora en adelante. Lamentablemente, apareció en mis pechos una dermatitis muy molesta. Fui a dos ginecólogos que me recetaron cremas que me hicieron poco efecto y un dermatólogo que me dio una mejor, pero no terminó con el problema. Todos me dijeron que “hasta cuándo daría pecho”, pero yo me negaba rotundamente a esa posibilidad. Sin embargo, al mismo tiempo, dudaba porque también me daba cuenta que mi cuerpo lo pedía a gritos.

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Mi hijo Diego

¿Qué hago? – me cuestionaba. No quería destetar. Sentía que, por primera vez, no seguiría el conducto natural. Pensaba que le quitaría a mi hijo lo que más amaba en la vida. Yo no quería ser quien lo hiciera sufrir. No quería escucharlo llorar desconsoladamente como nunca lo había hecho en su vida. No sabía cómo hacerlo dormir sin su pechito.
Pero, por otra parte, estaba mi cuerpo herido. Mis pechos dolorosos. Estaba yo dejándome en último lugar, ocupando tiempo con cremas molestas. Intentado explicar a Diego que tomara menos pecho, pero él resistente a la idea.

Vivía en una tensión constante entre las necesidades de mi hijo y las mías. Y quería esperar que él tomara la decisión por mí… estaba evadiendo mi responsabilidad.
Hasta que lo decidí yo con la ayuda de mi terapeuta floral: “destetar a Diego”. Asumí – entre lágrimas – que sería yo quien lo haría sufrir, pero también sería yo quien le daría consuelo. Sería yo la valiente que permitiría que mi hijo se enojara conmigo, pero sería yo quien pondría la cara ante él y lo acompañaría. Diego ya tenía dos años cuatro meses.
Mi amiga Lorena me dio algunas recomendaciones y me prestó el libro “Destetar sin lágrimas”de Pilar Martinez. Lo imprimí, lo leí, hice resumen: decidiría un día para empezar, haría un plan, hablaría con Diego explicándole todo y le daría mucho amor y abrazos y besos para suplir la falta de su pecho. Y como una dieta empecé el lunes. Hablé con él, me escuchó y entendió repitiendo mis palabras: “a mamá le duelen sus pechitos, fue al doctor, pero el remedio no sirvió. Diego está grande, ya no puede tomar más leche de mamá, pero mamá sí puede darle mucho amor, abrazos y besos”. Empecé acortando las tomas. A estas alturas Diego solo tomaba pecho para quedarse dormido y cuando despertaba de noche. Al tercer día no le di más. Le decía “dormiremos con un abrazo” y él lo aceptaba. A veces reclamaba un poco, pero luego le parecía bien. Volví a usar la mochila ergonómica para hacerlo dormir.
Y así se acabó la lactancia: en tres días, sin llanto desconsolado, con abrazos y besos, contemplando a mi hijo dormir en mis brazos, sin más despertares nocturnos, con alegría, sintiéndome valiente y fuerte, capaz de todo, confiando en mi hijo, sintiéndolo valiente y empático.

Se acabó la lactancia maravillosa de una forma maravillosa. ¿Por qué pensé que sería terrible? ¿Por qué tenía tanto miedo de hacer sufrir a Diego? Creo que fue porque tenía miedo de ponerme a mí en primer lugar y de ser la “mala madre”. Me autoexigí un estereotipo de madre que no es sano. Olvidé que mi hijo y yo somos una dupla y que ambos somos importantes… él lo comprendió mejor que yo.

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Esencias florales. Foto de http://recuperacion-funcional.com

Agradezco a la enfermedad por mostrarme el camino.   Agradezco a las flores por contenerme.
Agradezco haberme escuchado a mí misma.
Agradezco la sabiduría de mi hijo.
Agradezco a la vida por mostrarme lo hermoso que es empezar ciclos, pero lo transformador que es cerrarlos… atrevernos es lo que nos permite crecer y hacernos así más fuertes.

Natalia Casas Aguirre

7 comentarios sobre “Mi historia de destete

  1. Gracias por compartir tu experiencia, entiendo tu sufrimiento perfectamente, mi hijo tiene 1 año 11 meses , aun toma leche materna. Y solo de pensar en destetarlo me llena de tantas emociones entre ellas el miedo a su dolor. Espero me vaya tan bien como a ti. Un abrazo fraternal!!

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  2. Estoy igual que tu, me identifique mi hija tiene 2 anos y 5 meses y mi cuerpo igual ya necesita un descanso pero no se como,la veo tan apegada a su titi, cuando llego del trabajo para su siesta y en la noche para dormir usa su titi, y en otros momentos también quiere, siento que no podre, se ve tan fácil contigo, creo es cuestión de decidirme, tu usaste flores de bach junto? contigo o en tu nene? gracias.

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  3. Prima me hiciste llorar!!! Pensar en mi Dieguito triste me partió el corazón… pero tú con tu maravillosa sabiduria supiste seguir el mejor camino…aun me acuerdo el destete de Felipe…él tenia ocho meses y un diente makiavelico ke amenazaba con enterrarse en mi pecho…le dije: “si tu me muerdes no hay mas leche”…me mordió y asi comenzó su camino a la independencia…de la mano del tete y su tuto…eres una mami maravillosa y gracias x ser la mejor para mi sobrino…un abrazo…

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